El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que el ataque a Venezuela “fue algo increíble”.
En una entrevista con Fox News horas después de que Estados Unidos atacara a Venezuela y capturar a su líder, Nicolás Maduro, Trump compartió que observó la operación desde Mar-a-Lago. ‘Fue algo increíble, el trabajo increíble que hizo esta gente. No hay nadie más que pudiera haber hecho algo así’, dijo Trump sobre la operación histórica.
Al preguntársele por los críticos que han surgido en las horas posteriores a los ataques, Trump lo desestimó y afirmó que eran ‘personas débiles y estúpidas’.
De acuerdo con reportes de agencias, durante la noche se escucharon explosiones en Caracas y en otras zonas del país, mientras crecía la incertidumbre sobre el control político y militar en Venezuela y el destino inmediato del aparato gubernamental.
Según Associated Press, la operación habría incluido la captura de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, y su traslado para enfrentar procesos en EE. UU., aunque continúan las preguntas sobre la base legal de la intervención y el nivel de consulta con el Congreso.
“The United States of America has successfully carried out a large scale strike against Venezuela and its leader, President Nicolas Maduro, who has been, along with his wife, captured and flown out of the Country. This operation was done in conjunction with U.S. Law Enforcement.… pic.twitter.com/sFa5OC4ZrZ
— The White House (@WhiteHouse) January 3, 2026
¿Cuál ha sido la posición de Donald Trump frente a Venezuela?
La postura de Donald Trump hacia Venezuela ha estado marcada por una estrategia de máxima presión y un discurso abierto de cambio de régimen, que ha combinado sanciones económicas, presión diplomática y la amenaza —al menos en el plano retórico— de acciones más contundentes contra el gobierno venezolano.
Durante la crisis política de 2019, Trump y altos funcionarios de su administración reiteraron públicamente que “todas las opciones están sobre la mesa”, una frase que se interpretó como la disposición de Estados Unidos a considerar incluso el uso de la fuerza para presionar la salida del presidente Nicolás Maduro. Estas declaraciones elevaron de forma significativa la tensión regional y generaron preocupación entre aliados y organismos internacionales.
En el plano económico, la administración Trump endureció las sanciones contra Maduro y su entorno cercano, además de imponer restricciones severas sobre activos del Estado venezolano y el sector petrolero. Washington justificó estas medidas como parte de un esfuerzo para promover la llamada “restauración de la democracia”, aunque Caracas denunció reiteradamente que se trataba de una estrategia para asfixiar económicamente al país.
En fechas más recientes, previo al episodio actual, se reportaron nuevas acciones punitivas vinculadas al petróleo venezolano, descritas por diversos medios internacionales como una escalada adicional dentro de la política de presión, destinada a aumentar el costo político y económico para el gobierno de Maduro en un momento de especial fragilidad interna.
Trump también ha enmarcado su posición dentro de una narrativa de seguridad y crimen transnacional, acusando al gobierno venezolano de estar vinculado al narcotráfico y de representar una amenaza para la estabilidad regional. Bajo este argumento, Estados Unidos ha señalado a Venezuela como un “narcoestado” y ha cuestionado reiteradamente la legitimidad de sus procesos electorales.
En conjunto, la política de Trump hacia Venezuela ha combinado sanciones, aislamiento diplomático y mensajes de disuasión, y —según los reportes más recientes— podría haber evolucionado hacia una intervención directa de gran magnitud, un giro que ya está generando intensos debates internacionales sobre legalidad, soberanía y las posibles consecuencias para la región.
