Fuertes sismos en Venezuela dejan destrucción y escasez de alimentos, reporta puertorriqueña

Mari Eden Sánchez denunció que los fuertes sismos dejaron severos daños estructurales y escasez de alimentos

La puertorriqueña residente en Venezuela, Mari Eden Sánchez, aseguró hoy, jueves, que los dos fuertes sismos, de magnitudes 7.1 y 7.5 en Venezuela, han dejado un panorama de gran destrucción y que ha desatado escasez de alimentos. 

Sánchez explicó que muchos edificios no fueron construidos bajo códigos antisísmicos, lo que contribuyó a la magnitud de los daños. “Es un panorama muy lamentable”, expresó.

“… por lo menos, mi nieta y mi nuera tienen residencia, pero lo primordial es que podamos salir de aquí lo más pronto posible (…) y ver las ayudas de comida, por lo menos porque aquí no sé cuánta comida hay. [No han comido absolutamente nada desde que ocurrió este suceso.] No, porque nosotros bajamos y todo se quedó en el edificio. Entonces, lo que nos dijeron es que hay una farmatodo que están vendiendo comida, o sea, chucherías, agua y esas cosas, pero todavía no sabemos qué vamos a comer, porque no tenemos ni idea”, indicó Eden Sánchez quien destacó que los supermercados grandes están cerrados .

Desde 1984, Venezuela no había experimentado un terremoto de tal magnitud. Según relató la puertorriqueña residente en el país, varios edificios colapsaron en el sector Los Palos Grandes, en Caracas, y varias calles permanecen cerradas debido a los escombros.

“Aquí no es como Puerto Rico que está construido con los códigos de sismo, aquí en Venezuela no. Cuatro edificios se derrumbaron, incluyendo un hotel. Son pocos los edificios que han aguantado”, sostuvo. 

Sánchez relató que el sismo le tomó por sorpresa luego de tomar una ducha en el apartamento donde se alojaba.

“… cuando estoy ya saliendo a prepararme para vestirme empieza el primer jamaquión. Ahí yo pierdo el balance y me voy de espalda contra el clóset y lo único que me dio tiempo fue de terminar de ponerme los pantalones y salir. Salí descalza. Yo estaba en el sexto piso. Cuando voy bajando por el cuarto piso, me encuentro con unos residentes que estaban gritando, aterrados por el temblor, porque nos cogió el segundo temblor. No se podía ni caminar, ni uno podía moverse muy ágil. Y yo le digo: muévanse hay que bajar, porque si el edificio se derrumba, nos fastidiamos, y entonces, todo el mundo salió del edificio”, narró.

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